05 · octubre · 2019

El Toque de campa: un ritual terapéutico sanador

Se dice en las redes, que en el año 1996, en el Centro MD Anderson de Houston, el almirante Irve Le Moyne, en agradecimiento por haber finalizado su tratamiento de radioterapia, donó al centro, la campana de bronce de su barco, la cual fue instalada en el campus principal.  A partir de este momento, nació el simbólico acto de tocar tres veces la campana, para aquellos pacientes que desearan celebrar la finalización de su tratamiento. Hoy en día, esta práctica se ha propagado a través del mundo, como símbolo de esperanza, ante la posibilidad de vencer el cáncer y de realizar un cierre simbólico de este arduo proceso. 

 

Además de tratarse de una bella iniciativa, que ha generado la organización de campañas, visibilización y el bienestar emocional de los pacientes, surge el cuestionamiento sobre, ¿Cuáles son los beneficios psicológicos que este ritual aporta?

 

Si observamos con detenimiento, somos seres sociales, permeados por nuestras culturas, las cuales están llenas de rituales, para celebrar la vida, las uniones, los nacimientos, para celebrar logros, para cerrar ciclos, para despedir a nuestros seres queridos y frente a rupturas de pareja. En este caso, el ritual de tocar la campana, se convierte en un espacio de transición que favorece la elaboración del paso de un estado de salud a otro, transitar quizá de la enfermedad a la salud, de retomar rutinas, actividades, de resignificar el proyecto de vida, afirma la Dra. Adriana Peralta, psicóloga de la Unidad de Oncología Adultos del Centro Médico Imbanaco. 

 

Los rituales brindan la oportunidad de simbolizar el paso o la transición en nuestros hitos del desarrollo y situaciones, cambios y demás eventos de nuestras vidas, para cargarlos de significado, otorgarles un orden y permitirnos adquirir una sensación de control.  Ahora, el aspecto de la participación de otros, permiten además de un ordenamiento, la inclusión social, la identificación, el acompañamiento y sostén en estas situaciones. 

 

De esta manera, al tocar tres veces la campana, en compañía de familiares, pacientes, y personal médico que han sido parte del proceso, ayuda a los pacientes a centrar su atención, a contextualizar y organizar esta experiencia de vida.  Resulta funcional, pues se realiza con un propósito, celebrar y simbolizar el fin de un ciclo, haciendo partícipe además a otros pacientes, compañeros de camino, facilitando la identificación, sembrando la esperanza de que un día también estarán en ese lugar.

 

Estos simples campanazos, propician esperanza, ayudan a lidiar con la tristeza, a resignificar las experiencias y proyecto de vida, y a mitigar el dolor de quienes participan de este ritual, restaurando sentimientos de control.