
"No por novios o casados significa que seamos pareja"
Digo sin temor a equivocarme que sin Tercer Estilo no hay pareja, porque es el “quid” de la convivencia conyugal y es mágico: su presencia responde por la dicha de estar juntos en igualdad de condiciones; su ausencia, por la desdicha de convivir en pugna de poder o en dominación y sometimiento. Bien decía el terapeuta familiar Carl Whitaker, sin mencionar el Tercer Estilo, que “lo único más difícil que vivir en pareja es vivir sin pareja.”
En mi concepción del Tercer Estilo la pareja implica tres personalidades: la de ella, la de él y la de la entidad, con sendos estilos de ser. Aquí juega papel una especial matemática: ella + relación + él = 3. “Tres” es la tercera personalidad y su esencia tiene que ser el Tercer Estilo, fruto del dialogar respetuoso, en el que nadie se apropie de la verdad para que puedan hacercomplementarios los opuestos de los cónyuges, ganando y no perdiendo identidad, porque en vez de sacrificios (“Lo hago porque me toca, pero no quiero”), se hacen renunciaciones (“Lo hago por el bien común aunque prefiera otra cosa”).
El Tercer Estilo es toda una obra de arte: une el amor romántico, el de la química, al amor-respeto, el que respeta la diferencia, y así promueve diálogos reflexivos para definir la ley de la pareja con sus principios, valores y normas, base de la convivencia funcional y del estatuto “democrático” de familia, para la crianza de los hijos.
No deben confundirse el Tercer Estilo con los acuerdos personales. Éstos se basan en promesas entre los cónyuges, como la de ser fieles entre sí, que llamo “visión lineal” de la pareja. Son frágiles porque somos mamíferos polígamos, a diferencia de los castores. El incumplirlas es una afrenta personal con la consabida crisis conyugal, si se pilla in fraganti al infiel, pues de lo contrario juega la doble moral.
El Tercer Estilo en cambio surge de una asamblea de la pareja como empresa. Esta “visión sistémica” al imponer lealtad para la pareja, tiene más poder vinculante que los acuerdos personales. El que incumple, sencillamente no tiene el perfil para ser ejecutivo de esa empresa y, así duela, ahí no cabe reñir porque no es nada personal, es la demostración de incompatibilidad conyugal y no se puede continuar la sociedad.
Por ejemplo: Robert es un alcohólico, aunque él diga lo contrario por supuesto; y su esposa una sufrida y quejosa mujer por las promesas incumplidas. Su oficio es regañar, por supuesto y, el de él: emborracharse. Hacen un dúo dinámico alcohólico-coalcohólico bien estructurado, con ciclos permanentes de borrachera, abstinencia, promesas, perdón y nuevamente borrachera. Desde hace años este círculo vicioso ha venido minando su calidad de vida, pero siguen juntos porque se han vuelto perversamente adictos. Con el Tercer Estilo demuestran compatibilidad conyugal, manejan o eliminan juntos el licor y salen del atrapamiento. De lo contrario, no es aconsejable que sigan juntos pero no por alcoholismo que es el síntoma, sino por incompatibilidad que es el problema.
Robert tendría que hacer un “posgrado” en Alcohólicos Anónimos para cambiar: forma de pensar, hábitos y costumbres y ser el ejecutivo que desarrolle con su esposa, el Tercer Estilo que requiere la empresa.
He aquí algunos requisitos para formar el Tercer Estilo:
Centro Médico Imbanaco
Conmutador 6821000 Ext. 5697
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