23 · agosto · 2017

Pequeños hábitos, previenen grandes enfermedades

Se estima que tres de cada cinco personas no respira de manera adecuada. Vivimos tan de prisa que no tenemos tiempo ni para respirar, y nos olvidamos que gracias a la respiración vivimos.

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La exclamación “¡Tome aire. Tome aire!”, cuando se sufre un estado de exaltación o estrés, tiene toda validez, pues el organismo se ha quedado sin el oxígeno necesario para que las neuronas y el cerebro puedan actuar adecuadamente. Así como en este instante, en todo momento, la respiración es vida que fluye por todo el cuerpo.

 Con más razón la máxima milenaria oriental dice que, “Quien respira a medias, vive a medias”, pues una buena respiración equivale a vida saludable. Por el contrario, una mala respiración eleva el riesgo de problemas cardiovasculares, como el infarto, de estrés y sus problemas asociados e incluso del sobrepeso.  

Se estima que tres de cada cinco personas no respira de manera adecuada. “Vivimos  tan de prisa que no tenemos  tiempo ni para respirar, y nos olvidamos que gracias a la respiración vivimos”, dice la doctora Maribel Esguerra, médica laboral, del Centro Médico Imbanaco.

Según la médica,  somos poco o nada conscientes de nuestra respiración y lo ideal es practicar, respirar a conciencia cada vez que se pueda, como si se tratara de una pausa activa.  Ejercicios respiratorios muy sencillos permiten un mayor nivel de oxigenación a todo el cuerpo, especialmente el cerebro, el corazón y los músculos, que necesitan más del oxígeno.

La doctora Esguerra explica, que el grado de oxigenación tiene mucho que ver con nuestra capacidad de entender, de pensar, de reaccionar, y sobre todo, con el manejo de nuestros pensamientos y la respuesta a las situaciones emocionales.

La médica explica de manera gráfica cómo las personas respiran a medias, porque usan solo la parte alta de su tórax e incluso cuando se les pide respirar profundo. “Se limitan a subir los hombros y pierden gran parte de su capacidad pulmonar al nos distender el abdomen”, señala.

“No respiramos bien – asevera la doctora Esguerra y enfatiza: - Ni siquiera cuando hacemos actividad física, porque estamos sumidos en las preocupaciones de lo que viene enseguida y detenemos la respiración, hacemos ´pequeñas apneas´ que pierden los beneficios del ejercicio y afectan nuestros órganos”, dice la especialista.

Las apneas son pequeñas pausas involuntarias que hace la respiración y deja, por ese instante, sin el envío de oxígeno al organismo. Cuando no respiramos adecuadamente por un tiempo más o menos largo, “suspiramos” para así compensar la deficiencia de oxígeno.

Según la doctora Esguerra, el  cuerpo humano es perfecto, pero hay un detalle que no se tiene en cuenta y es nuestra mente. Porque nos concentramos en pensar en el estudio, en el trabajo, en los compromisos diarios, en nuestros problemas de cualquier índole, entonces lo que ocurre es una “desconexión”. Dejamos de respirar adecuadamente y entre más grande sea esa desconexión, pasamos a hacer periodos de apnea prolongada o respiración muy superficial durante el día. 

“Le exigimos a nuestros ojos ver adecuadamente, a nuestro cuerpo movernos,  a nuestro cerebro pensar y no nos damos cuenta que todos estos están compuestos por millones de células que requieren oxígeno en altas cantidades para funcionar bien”, dice la médica laboral.

Son las neuronas las más afectadas por la falta de oxígeno, de una mala respiración y son las que más necesitan oxígeno. El oxígeno es el “combustible” de las células, especialmente de las neuronas.

“Las células tienen una organela llamada mitocondria, la cual toma este oxígeno y lo convierte en adenosín trifosfato,  ATP,  considerado por los biólogos como la moneda de energía para la vida, que nos mantiene activos, productivos y sin cansancio”, dice la doctora Esguerra.  

Entonces, para la médica, si nos alimentamos bien, si adquirimos buenos nutrientes en nuestra dieta, si realizamos respiración consciente, haciendo ejercicio adecuadamente, soltando la mente  de estar pensando y dejarla descansar, vamos a propender una vida saludable y a alejar las enfermedades.

“Recordemos que hacer ejercicio hace que el corazón bombee más sangre a todo nuestro cuerpo y si lo hacemos respirando consciente va a llegar oxígeno a todo nuestro cuerpo. Hace parte de nuestros hábitos saludables”, agrega.

También, recomienda, realizar pausas activas, entre las jornadas laborales,  que incluyan estiramiento y al menos cinco inspiraciones profundas, lo que va a permitir que se conserve la energía en nuestro organismo, que baje la ansiedad, el estrés y que cada órgano funcione en armonía.

Según la doctora Esguerra, los hábitos saludables son aquellas conductas y comportamientos que tenemos asumidos como propios y que inciden de forma directa en nuestro bienestar físico, mental y social. (Ver recuadro: “Prácticas saludables”)

“Tener más energía, procesar eficazmente las tensiones, estar más concentrados, tomarse menos días por enfermedad, nos hacen, automáticamente, más productivos. Estos son apenas algunos de los beneficios que aportan las prácticas saludables que ayudan a mejorar nuestro rendimiento”, dice la médica laboral, del Centro Médico Imbanaco.

 

PRÁCTICAS SALUDABLES

La promoción de prácticas y recursos que benefician a la salud quienes laboran es, además, uno de los requisitos que solicita la Organización Mundial de la Salud (OMS) para considerar a la empresa como un ambiente de trabajo saludable.

Existen infinidad de iniciativas que pueden considerarse como promoción de hábitos saludables en el trabajo. Las cuatro siguientes son apenas una muestra de ellas, aunque ocupan un lugar relevante en tanto que se ha podido comprobar que realmente acarrean un beneficio para la salud física y mental de quienes las practican.

Sedentarismo

La falta de ejercicio es considerada como una de las prácticas contrarias a la salud como un flagelo en el mundo. Alrededor de un 60% de la población no realiza la cantidad de actividad física mínima. “Esta es una de las principales causas para que se haya disparado el porcentaje de personas que sufren obesidad y, a su vez, enfermedades coronarias”, señala la especialista.

El sedentarismo es una consecuencia directa de la forma en que se ha desarrollado la vida moderna en las grandes ciudades y el ámbito laboral es un gran responsable: muchos trabajos exigen que sus empleados realicen sus tareas estando sentados y sin trasladarse.

“Es ya un problema complejo y son muy pocas las empresas que promueven entre sus empleados la práctica de ejercicio físico y las pausas activas, para  contrarrestar los efectos negativos del sedentarismo sino que se incorpora un hábito importante para la salud”, dice la especialista.

Según la doctora Esguerra, resalta que uno de los hábitos saludables más efectivos, científicamente comprobado, es la meditación, para combatir el estrés de horas acumuladas de trabajo. 

Se trata de un método sencillo capaz de combatir la depresión, el miedo y la ira y elevar los índices de satisfacción y felicidad.

Un estudio llevado a cabo en el Reino Unido, encontró que treinta minutos diarios de meditación durante tres meses fueron suficientes para que un grupo de empleados lograra bajar su nivel de ansiedad. “Se trata de uno de los recursos más innovadores dentro de los hábitos saludables en el trabajo”, señala la doctora Esguerra.

“Tanto en la meditación como en el ejercicio – dice la especialista -  logramos hacer conciencia de la respiración, respirar es una función corporal involuntaria y a su vez puede ser voluntaria”.

Según la médica, la respiración se gestiona en el inconsciente, mediado en nuestro organismo por el sistema nervioso autónomo, pero en cualquier momento podemos tomar los controles y conscientemente cambiar la forma en que respiramos.

Si hacemos de la respiración un hábito consiente, podemos hacer nuestra respiración superficial o profunda, rápida o lenta, ya que estamos respirando todo el tiempo.

“Lo especial de este sistema de doble control es que podemos cambiar la forma en que respiramos, y ver cómo la respiración influye en nuestro cuerpo”, enfatiza la médica laboral.

Indica la especialista, que la respiración controlada, también, conocido como “respiración rítmica“, “respiración diafragmática” y “respiración profunda“, ha sido durante mucho tiempo una característica de las prácticas de salud orientales.

Alimentación sana

Existen miles de artículos sobre los beneficios de una buena alimentación para la salud y alientan a las empresas incluir en los menúes alternativas saludables, como ya se lleva a cabo en muchas de ellas.

“Respetar los horarios y los tiempos de las pausas para almorzar, comer con tranquilidad y alejado del escritorio, no sólo permite hacer una mejor digestión, sino que da al trabajador la posibilidad de descansar de sus tareas y bajar su nivel de estrés”, asevera la doctora Esguerra.

Respetar todas las comidas y de una forma balanceada, sumado a un reposo adecuado, es clave para conservar la energía a lo largo del día. Además se evita el desarrollo de enfermedades como la obesidad y la diabetes.


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