27 · septiembre · 2017

Hiperplasia prostática, puede producir daños graves en vejiga y riñones

Un agrandamiento de la próstata está presente en muchos hombres mayores de 40 años. Uno de cada dos colombianos, mayores de 50 años, presenta problemas por Hiperplasia Prostática. Más del 90% de los hombres mayores de 80 años tiene esta afección.

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Después de los 30 años de edad, la próstata, ese pequeño pero vital órgano del sistema reproductivo, se comienza a agrandar. Una condición que puede pasar casi desapercibida en el transcurso de la vida, como también, puede ser el comienzo de un problema que, en algunos casos, suele tornarse grave. La hiperplasia prostática.

Por ejemplo, si usted presenta cambios al orinar, como retardo en la micción, pérdida de fuerza o goteo después de la micción, es posible que padezca de hiperplasia prostática benigna, HPB, es decir un agrandamiento benigno de la de la próstata.

La próstata es la glándula masculina que se encuentra localizada en la parte baja de pelvis, por debajo de la vejiga. A través de ella pasa la uretra o conducto que comunica la vejiga con el exterior.

“Cuando la glándula crece en forma benigna, se conoce como una hiperplasia prostática benigna (HPB). Este crecimiento anormal puede comenzar a ocurrir con efectos en las funciones, como la orina, después de los 40 años, y en forma paulatina o aguda desencadenando los síntomas urinarios con dificultad en la micción”, dice el doctor; Jorge Eduardo Sejnaui, urólogo del Centro Médico Imbanaco.

La consulta al médico determinará la situación real. Lo preocupante, según los urólogos, es que la mayoría de los hombres, ven este tipo de cambios, como normales y descartan la consulta al médico de manera temprana. La mayoría lo hace de manera tardía, cuando la calidad de vida se ha afectado de manera considerable y hay daños adicionales, especialmente sobre la vejiga.

“Los pacientes llegan a la consulta animados por sus esposas, porque las noches se vuelven un tormento, con dos y más idas al baño. La vejiga no logra eliminar la totalidad de la orina. Eso afecta al hombre y a su pareja, porque esa situación no permite mantener el sueño”, dice el doctor Jorge Sejnaui, urólogo del Centro Médico Imbanaco.

“Mi situación se volvió crítica, porque no solo eran las tres y más veces que iba al baño durante la noche, es decir que no dormía bien. Luego, cuando íbamos a salir de casa, lo primero que preguntaba era, si en el lugar a donde íbamos, había baño”, cuenta Luis Carlos López, un comerciante de 57 años.

Recuerda que la enfermedad alteró su vida familiar y social y que lo llevó a consultar, a pesar del miedo que siempre le causó visitar al urólogo. Su hermano, quien también tuvo el mismo problema, había tenido una experiencia difícil con la cirugía que le hicieron.

En efecto, el doctor Sejnaui, cuenta que a las micciones nocturnas, sigue el aumento del número de micciones diurnas y muchas veces se produce una retención aguda de orina (RAO) o dificultad para orinar, con dolor en el hipogastrio (bajo vientre).

El doctor Sejnaui explica que el crecimiento comienza a obstruir la uretra y por ende el paso normal de la orina. Al comienzo la vejiga logra evacuar, pero después comienza a retener orina, lo que puede tornarse en un problema grave.

Con la obstrucción de la uretra, los riñones se van dilatando. En esa lucha crónica de la vejiga, ocasiona que los uréteres, también, se vayan dilatando y, en caso extremo, hasta producir un daño renal crónico.

Los avances en las investigaciones en las últimas dos décadas han llevado al desarrollo  de medicamentos que relajan la glándula y disminuyen la obstrucción y otros que disminuyen el tamaño de la próstata y de paso protegen hasta en un 25% el riesgo de cáncer. Hoy ya existen los dos medicamentos en uno.  

No obstante, según los urólogos, la cirugía sigue siendo lo ideal, a pesar de la reserva de los hombres hacia esta alternativa.

La cirugía abierta, que permite extraer la próstata y dejar únicamente  la cápsula. También se puede hacer por laparoscopia, dependiendo del volumen de próstata. Las dos opciones ofrecen buenos resultados.

También existe la cirugía a través de la uretra (RTU) o resección transuretral,  donde el cirujano con instrumenta especial, hace diversos cortes y extrae por partes los fragmentos de la glándula hasta dejar únicamente la cápsula.

Láser verde

Una de los mayores avances en los últimos años es el láser verde, una novedosa técnica que permite vaporizar el tejido prostático. Una luz verde o energía se encarga de vaporizar la hemoglobina. No hay cortes y mínimo sangrado, el láser va desapareciendo el tejido prostático y liberando el espacio para la uretra.

“Es más segura, con menos riesgos, es ambulatoria, es decir que el paciente después del procedimiento sale para su casa, y su recuperación es más rápido. La sonda se deja solo 24 horas, mientras que en las otras cirugías debe permanecer entre cinco y siete días”,  dice el doctor Sejnaui.

Además de no necesitar hospitalización (las otras cirugías requieren de dos a tres días) la incapacidad del paciente es de una semana, mientras que por las otras alternativas puede extenderse a un mes y mes y medio.

Es una técnica ideal en pacientes de avanzada edad y con otras enfermedades de base, porque se trata de un procedimiento de bajo riesgo, menos agresivo, más seguro y mínimamente invasivo.