12 · febrero · 2018

Cómo cuidar el hígado: hígado graso, puede ser grave

Se estima que el 20% de la población adulta lo padece, y entre ellos, uno de cuatro personas presenta además una inflamación crónica, que podría derivar en cirrosis o cáncer de hígado.

Cargando…
Link Compartir

El hígado graso  es una condición médica  muy frecuente  en la actualidad, y  aunque en la mayoría de  los casos  tiene un comportamiento benigno, ocasionalmente puede  progresar  a  una enfermedad hepática severa y  terminar en un  daño irreversible del  hígado llamado  cirrosis.

Se estima que el 20% de la población adulta lo padece. Y entre ellos, uno de cada cuatro personas presenta, además una inflamación crónica, que podría derivar en cirrosis o cáncer de hígado. 

“Se presenta generalmente en  personas  obesas, diabéticas, con elevación  del  colesterol  o de los  triglicéridos,  y  si  la persona  ingiere  alcohol, el  riesgo de  desarrollar cirrosis  es  más elevado”, afirma el doctor Jaime Holguín, internista y hepatólogo, del Centro Médico Imbanaco.

Según el especialista,  la  gran  mayoría de  personas con  hígado  graso, no  presenta  ningún  síntoma o  sólo  refieren  sensación  de pesadez  o  dolor  leve en la parte  superior de su abdomen.   

Los  pacientes  que  presentan  estos   síntomas,  por lo  general  acuden al  médico  quien  ordena una  ecografía de abdomen  y allí  aparecen  los  primeros  signos que  sugieren  el  depósito excesivo  de  grasa dentro  del  hígado.

“Muchas  personas con  hígado  graso, totalmente  asintomáticas,  se  enteran de  la enfermedad porque en  un  chequeo   médico  de   rutina   se  encuentran    exámenes   de  laboratorio  con ´alteración en las  pruebas del  hígado´”, señala el doctor Holguín

Todo paciente que  presente anormalidades  en la ecografía de hígado o con  pruebas  de  laboratorio alteradas debe ser examinado por el  médico con el fin  de establecer con certeza si esas alteraciones obedecen a un estado de hígado graso o si  corresponden a otras enfermedades.

Desafortunadamente otras enfermedades del  hígado se pueden confundir con  hígado graso y por ello el médico  debe  realizar  exámenes de laboratorio  adicionales  y en  algunos  casos una biopsia de hígado para  llegar a un diagnóstico definitivo.

La prevalencia de la enfermedad viene creciendo al ritmo de la obesidad y de los hábitos poco saludables. El impacto de una enfermedad que se va desarrollando a lo largo de muchos años y se estima que empezó quizá hace 20 años, con los cambios de hábitos alimenticios y el sedentarismo.

Según el doctor Holguín, el hígado  graso  es entonces una  enfermedad  silenciosa,  en donde el  daño del   hígado es  producido  por la grasa   que  se acumula  lenta y  progresivamente  dentro  del  hígado. Sólo en  etapas  muy  avanzadas  del  daño hepático  los pacientes  presentan color amarillo en los ojos o en la piel (ictericia) e  hinchazón  de  las  piernas o  del abdomen.

“En esta etapa final  del  daño hepático,  muchos enfermos   requieren  un  trasplante de hígado”, asevera el hepatólogo, del Centro Médico Imbanaco.

“En general – indica el hepatólogo - se recomienda modificar y  corregir las condiciones o el estilo de vida que se asocian con esta enfermedad: Obesidad,  diabetes, elevación del colesterol  o de los triglicéridos y consumo de alcohol.”

Si  la enfermedad se detecta en las etapas tempranas del  daño hepático y si el paciente  se acoge a las  recomendaciones  de   ejercicio,  cambios en su  estilo  de vida , modifica sus  hábitos  de comida,  suspende el  exceso  de alcohol, y  mantiene  un correcto  manejo  de su diabetes, la enfermedad es reversible y se evita la progresión del  daño hacia la cirrosis .

De acuerdo con el doctor Holguín, se debe  disminuir el aporte de grasa hacia el hígado, para ello  es necesario iniciar un tratamiento adecuado para el control de la diabetes  así como la disminución progresiva y programada de peso en los obesos.

“La dieta baja en carbohidratos y en grasa, y el ejercicio supervisado, son indispensables para lograr un beneficio  en estos pacientes”, agrega el doctor Holguín.

Lograr un descenso de peso de al menos un 10% ha demostrado ser ventajoso. Sin embargo, no es aconsejable una reducción muy rápida de peso (> 1,5 kg por semana).

Aquellos  pacientes con  elevación  del colesterol  o de los  triglicéridos, y  que a pesar  de  un  control  estricto   de su  alimentación y  un  buen  ejercicio físico, continúan  con valores altos de estas grasas en su sangre  pueden ser tratados con  medicamentos  para  disminuir  la cantidad de grasa que le llega al  hígado.