“Los hombres piensan que el sueño de toda mujer es encontrar el hombre perfecto. ¡Pues no...! Es comer sin engordar.",el chiste que circula en internet, es realidad latente que golpea a nuestro medio.
El más reciente estudio del Centro de Estudios Económicos de Cartagena, Ceer, del Banco de la República, da cuenta que el 16.5% de los colombianos esta en obesidad y el 51.2% en sobrepeso.
No obstante, para los especialistas, lo más preocupante, es que los colombianos más que pecar con la boca y con los malos hábitos de vida, le están apuntando en forma equivocada a miles de fórmulas “mágicas” o mitos que agudizan el problema.
Con estos mecanismos, fruto de la improvisación, el desconocimiento y la desesperación, el famoso “efecto rebote”, es la constante: subir como en avión lo que se bajó trabajosamente por la escalera.
Por eso, para los especialistas, lo recomendable es ir más despacio y paso a paso: perder un 10% de peso y sostenerse allí por un espacio de tiempo de unos seis meses y así continuar de manera escalonada.
“Ir por etapas. Así, el cuerpo y la mente se adaptan al nuevo estado y evitan el efecto ´rebote´, que en muchos casos, en su efecto adverso, no sólo recuperar el peso perdido, sino que aumenta más”, señala la doctora Sandra Alfaro, nutricionista del Centro Médico Imbanaco.
Según la especialista, cualquier dieta que se haga y luego se deje, vuelve a recuperar el peso. “Cuanto más estricta haya sido la dieta – señala - mayor será la subida de peso. Ocurre una especie de revancha del cuerpo y de la mente.”
Toda restricción incrementa el deseo y por eso, según los sicólogos, hacer dietas restrictivas provoca un aumento de los pensamientos obsesivos con relación al cuerpo y la comida: lo que genera un círculo vicioso de prohibiciones y aumento del deseo por comer, difícil de controlar.
Según explica la nutricionista, desde el punto de vista fisiológico, el organismo está preparado para la escasez, no para la sobreabundancia de alimentos y estímulos como la que existe hoy. “Ante la falta de alimentos, el metabolismo se vuelva automáticamente más lento para gastar menos calorías. Al mismo tiempo, dispara señales de hambre para alertarnos de que debemos comer para recargar energías”, explica.
Según un metaestudio publicado en American Psychologist, las dietas hipocalóricas no aportan una cantidad necesaria de nutrientes y por lo tanto producen un déficit en el organismo. Tampoco producen mejoras en los niveles de colesterol o glucosa en sangre, lo que hace totalmente inoficiosas a la mayoría de las dietas.
Otro de los mitos muy acendrado en nuestro medio, son las dietas que implican horarios y tipos de alimentos diferentes de los que se consumen de manera habitual. Lo estricto del proceso hace que se vuelva muy difícil de seguir y más probable de abandonar.
La nutricionista del Centro Médico Imbanaco, afirma que quienes se mantienen en su peso, es porque sencillamente adquirieron hábitos saludables de alimentación, que van desde la compra de los alimentos hasta la forma de prepararlos, la forma de comerlos, y el equilibrio entre las calorías que ingieren y las que consumen.
Las dietas provocan estrés.El organismo también se estresa ante la falta de alimento, por el mecanismo de supervivencia natural. La dieta se enfrenta a los estímulos externos que visualizan abundancia por doquier, por la publicidad, los medios de comunicación y el aburrimiento.
“Este estrés, se suma al estrés cotidiano de una vida agitada. La comida surge como el mecanismo para contrarrestar el estrés del medio y esto conforma nuevamente el círculo vicioso”, señala la doctora Alfaro.
El otro mito es mantener el resultado de una dieta. El 80% de las dietas pierden los resultados en uno a lo sumo dos años. Con cualquier dieta se puede bajar de peso. Lo complejo es mantenerse. El metaestudio de American Psychologist, encontró, por ejemplo, que a los cuatro años de haber emprendido la dieta, entre uno y dos tercios de las personas recuperaron más peso que el que tenían antes de empezarlas.
Según la doctora Alfaro, para que una dieta funcione correctamente se hace necesario hacer un estudio del verdadero del origen de la obesidad. Es necesario revisar los componentes genéticos, hereditarios, culturales, hormonales, metabólicos y emocionales, que requieren un trabajo multidisciplinario. (Nutrición, sicología, endocrinología, etc.) (Ver recuadro: “Otras recomendaciones”)
En muchos casos prima el entorno, aunque haya un componente genético. Existe el mito, por ejemplo, que si los padres son gorditos, los hijos también lo deben ser. Cuando se estudia el caso, se descubre que el hijo no es obeso por su genética, sino porque en casa (entorno) los hábitos alimenticos no son los adecuados.
“Por eso, de acuerdo a lo que se encuentre, se puede diseñar un plan estratégico y acorde para perder el sobrepeso. Sólo así es posible lograr resultados verdaderos y perdurables, sin dietas mágicas y peligrosas”, advierte la nutricionista del Centro Médico Imbanaco.
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OTRAS RECOMENDACIONES
Empieza el día con un buen desayuno, abundante pero sin grasas saturadas ni fritos, y recurre a pequeños alimentos frecuentes a lo largo del día para mantener tu metabolismo activado. Cuando pasas mucho tiempo sin comer tu cuerpo se pone en modo ahorro, gasta muy pocas calorías y acumula todo lo que le llega "por si acaso".
Deja la velocidad
Elige bien tus grasas
Atención a las "calorías escondidas"
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