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No hay machista que le aguante a una mujer que se respete

CUANDO LA MUJER SE DECIDE, EL MACHISTA TIEMBLA

Centro Médico Imbanaco
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PÍLDORAS DE PAREJA

 

 

CUANDO LA MUJER SE DECIDE, EL MACHISTA TIEMBLA

No hay machista que le aguante a una mujer que se respete

 

Dr. Harold Estrada V. – Psiquiatra

Psicoterapia Familiar Sistémica

 

 

Cuando la mujer se decide, el machista tiembla y cuando no, el machista cobra su víctima. El machista precisa de una mujer ambivalente para hacer sus “fechorías”. Y ésta precisa de un machista para convertirse en víctima. Ambos son necesarios para condenarse a un infierno cuando lo que buscaban era un cielo. ¡Ceguera mutua!

 

Ambivalente es la mujer que está entre dos fuerzas: rechaza que la maltraten pero, incapaz de poner límites al marido y de tomar decisiones, termina siendo el “sparring” que le sirve al campeón de boxeo para que se entrene. Si el marido se porta mal, el comportamiento es de él, pero el llanto es de ella y así sucesivamente. Juntos forman este círculo vicioso que los mantiene atascados como corcho en remolino.  

 

A media que esta convivencia se perpetúa, queda claro que si no hay víctima, el victimario se queda sin oficio y viceversa: sin victimario la víctima se queda sin oficio. El machista entonces le coge sabor a maltratar a la mujer y ésta, ¡qué locura!, a sufrir. Es un “placer” perverso, sado-masoquista. Es como si la pareja hubiera, acordado inconscientemente y para mal de sus pecados, jugar a la víctima y al victimario, juego que durará hasta que uno de los dos (o ambos) se ilumine y cobre valor para cortar.

 

Sólo se sale de esta trampa cuando se decide escapar de la disfuncionalidad marital, pero para ello se requiere mucho valor. Si la mujer elige no ser más irrespetada, replantea valientemente su vida y se separa, pone a temblar al machista porque lo deja sin compañera de juego. Cuando la mujer es débil, como probablemente lo era la madre de él, no le da ocasión al machista para cambiar pues lágrimas, ruegos, sermones y cantaleta no le curan el mal. Más bien se lo fomentan.

 

Una pareja había vivido en infidelidades y riñas a lo largo de muchos años, situación que ella enfrentaba con el método tradicional de quejarse, perseguir, acusar, llorar, implorar y, a veces, mechonear a las amantes del marido. Mientras tanto, la suegra reía de las travesuras de su “muchachito” y le decía que dejara “el show” pues estaba empeorando las cosas; que lo mismo le había tocado a ella; que los hombres eran así y que aguantara hasta que se calmara, porque tarde o temprano se ajuiciaban.

 

No pareciéndole bien el consejo de la suegra, optó, ¡al fin!, por buscar ayuda profesional. Aprendió a pensar y a controlar ante todo su impulsividad. Cambio la forma de dirigirse a él eliminando las conductas que sabía que conducían al maltrato. Recuperó su autoestima, su identidad, su asertividad y su dignidad; superó el miedo al abandono, le habló calmadamente, se excusó por haberlo irrespetado y planteó una decidida separación, dejándolo solo para que él, en su “sabiduría”, siguiera el camino que a bien tuviera. Enfrentado el esposo, esta vez , a una realidad que le ponía límites, se sintió abandonado, hizo crisis y pidió ayuda conyugal. No hay machista que le aguante a una mujer que se respete, que respeta y que toma decisiones coherente y decididamente.

 

La situación que se expone en esta píldora coincide con la mayoría de estos casos, pero hay otros que escapan a esta descripción porque pertenecen a la justicia penal.


Más Información
 
Dr. Harold Estrada
Psiquiatría - Parejas y Familia
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